miércoles, 15 de marzo de 2017

"Ningún artista tolera la realidad" Nietzsche.

Tanta verdad en tan pocas palabras.  El peor escenario para un artista debe ser cuando el status quo se desequilibra y se ve obligado a lidiar con la vida básica, primitiva, mortal.  El artista se revela en contra del orden establecido a través de su arte  Lo critica y cuestiona pero sin él, no podría tener la paz diaria para contar con el lujo y el tiempo de escapar a su propio mundo inventado, feliz, ideal, donde él es el sol y Dios de su creación.  Y crea así de la nada su propia realidad, esa que su corazón de cristal sí acepta y tolera, porque la otra, la verdadera, la de afuera golpeándole la puerta con cuentas que pagar, haciendole fruncir el ceño y suspirar desesperanzado por su relación amorosa mediocre o inexistente, agarrandole las comisuras de sus labios hasta estirarlas dibujando una sonrisa hipócrita a quienes debemos favores y sujetan en sus manos nuestro pan diario; esa realidad le carcome el alma delgada y llena de bilis su pecho que sólo late con ganas cuando está de vuelta en su universo ignorante y feliz, entre el desorden de sus decenas de proyectos a medio andar.

Existe una fortaleza débil en el espíritu del artista.  A duras penas y con mucho pesar tolera, o debe tolerar, la sociead enferma en la que le tocó nacer y crecer.  No es un problema de hoy cuando vivimos una tercera guerra mundial en cuotas y no conocemos al vecino gracias a tantos aparatos electrónicos  que nos han hecho tan independientes pero a su vez tan autosuficientes e individualistas.  Sucedía hace docientos y tantos años atrás y más aún, cuando las sociedades estaban marcadas por la cuna y la línea familiar.  Sucedía hace más de un siglo cuando la gente debió perder la inocencia idílica de la vida en el campo por verse en la necesidad de cambiar los campos sembrados por engranajes grasientos, contaminación y hacinamiento.  Sobreexplotación laboral también.  Sucedió por siglos cuando los pueblos poco favorecidos de los imperios del mundo vivían bajo el dedo pulgar y detrás del dedo acusador de la iglesia, quebrándose el lomo de sol a sol para alimentar a zánganos aristócratas.  Sucedió hace más de setenta años cuando las tropas alemanas marcharon por casi toda Europa exterminando no sólo a los judíos a su paso.  Sucede hoy cuando más tropas cargando distintas banderas barren con ciudades y países completos en nombre de la paz.  O en búsqueda de armas de destrucción masiva.  O petroleo.

Ayer, hoy y mañana también, ha existido, existe y existirá un grupo pequeño en la sociedad que no tiene el ama para el caos reinante, se mira las manos ,agarra su instrumento y toca música.  Agarra hojas de partitura y lápiz, pluma y tinta y crea de la nada blanca de sus hojas un carrusel de melodías para endulzar en parte su vivir.  Agarra su atríl, tela, pinturas y pincel y llena de color el panorama blanco y negro a su alrededor.  Agarra un cuaderno y lápiz, pluma y tinta y pone a vivir entre sus líneas a personajes que le hablan en su cabeza y les crea un mundo que para ellos tiene mucho más sentido que en el que él vive.  Agarra piedra o madera , cincel y martillo y a pulso esculpe su visión en la roca dura y la madera noble.  Agarra una cámara de video o fotográfica y decide qué dejar fuera de su foco haciéndonos ver a través de sus ojos.  Agarra lana y palillos y teje las horas de color y abrigo.

Es el camino más difícil, el más cuestionado, el más pedregoso.  Podrías trabajar la tierra para cosechar frutos y alimentar a tu familia, en vez de ello tiras trazos de óleo sobre la tela día y noche.  Podrías unirte a la fábrica y gagar un sueldo miserable pero estable, sin embargo practicas tu instrumento por horas al día, estudias su idioma, golpeas puertas por una oportunidad.  Podrías contentarte con un trabajo de oficina cualquiera, sentado detrás de un escritorio por cuarenta años, sonriendo a quienes no toleras por una estabilidad económica.  Pero decides escribir una novela de la nada, tomar clases de canto y piano.  Mientras la sociedad dicta ir hacia la derehca, tu corazón de cristal palpila hacia la izquierda y al ritmo de trazos de tus lápices y pinceles ,de tus respiraciones ancladas, de las teclas blancas y negras debajo de tus dedos.  ¿Por qué?  Porque sin el arte la asquerosidad del mundo te carcomería vivo.

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