jueves, 10 de agosto de 2017

Embarazada de un Libro

Estoy embarazada de un libro y como tal, le cuento sobre ello a todo quien me quiera escuchar. La gente pregunta que cómo estoy y les digo "estoy embarazada de un libro" y antes que pueda considerar seguir, el monstruo se sale de mi boca por sí mismo y hablo de tipos de narrador, arcos de personajes, construcción de mundos, estructura de la historia... Veo los colores abandonar la cara de mi pobre interlocutor que de seguro piensa "¡Oh no! ¿Por qué a mí? Mi único día libre en toda la semana".  Si una embarazada viniera a mí con todos los detalles de sus vómitos, mareos, antojos y cambios de ánimo, estoy segura que yo reaccionaría igual. La diferencia es que, ella sabe cuánto tiempo durará su estado mutante gestador de vida: nueve meses. Si ese fuera el caso, mi librito ya andaría caminando por ahí, pero no, todavía se revuelca en el líquido amniótico de mis cavilaciones y me da patadas en el medio de la noche. Mareos y dolores de cabeza a veces también.



Deseo empaparme de experiencias de otros que ya han dado a luz sus libros. Cómo los gestaron, cómo fue el parto, cómo los crian y muestran a la sociedad, pero temo molestar. Leo sobre sus procesos de gestación, algunos más lógicos que otros, y espero que sus experiencias hagan mi embarazo menos problematico y más llevadero. No pregunten cuándo daré a luz, ¡No tengo idea!  Muy de a poquito puedo comenzar a distinguir la cara de mi libro, de a poco se forman sus extremidades pero sé que no está listo todavía para dejar la seguridad de mi cabeza para enfrentar el mundo exterior. ¿Cómo podré siquiera mostrarlo a los demás? ¿Y si me lo ofenden, critican? ¿Y si lo encuentran feo, malcriado?  Le harán daño y de paso, a mí también. Sé que será la tarea más difícil de este proceso: desprenderme de mi libro y dejarlo suelto en el mundo. Yo que le dí la vida y lo gesté, tendré que dejarlo caminar por sí solo y abocarme a tratar de darle un hermanito.

Como todo embarazo, me está empezando a afectar la salud. Tengo la espalda y los hombros hecho añicos y he subido de peso. Monopoliza todo mi tiempo, dejando de lado todo lo demás (las telarañas de este blog son prueba de ello). Me dicen que haga otras cosas para relajar la mente, para ejercitar el cuerpo y que por sí solo, mi libro encontrará la manera de crecer y desarrollarse. A veces eso funciona, pero otras me parece que, si yo no estoy ahí mismo revisando su crecimiento, él no se molestará en evolucionar.

Tal parece que siempre tuve en mí las condiciones para concebir un libro, pero hasta hace unos dos años atrás, había evitado quedarme embarazada. Quién sabe cuántas semillas de libro dejé pasar gracias al anticonceptivo natural que es el miedo y la misma realidad. Ahora lo he conseguido, mi libro primogénito crece sano dentro de mí... ¡Si tan sólo supiera cuánto más queda para dar a luz! Ya me empieza a pesar la cabeza y a doler el cuello. Como bien adivinan, les seguiré dando la lata con el embarazo. Queda para rato.


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